jueves, 14 de noviembre de 2013



Me gustaría compartir con vosotros este precioso microrelato de Juan Pedro Aparicio. Es muy bonito como condensa en tan pocas lineas toda la vida del personaje, como sin necesidad de que exista un planteamiento ni un nudo en la historia, llegas a conocer profundamente y sin adornos toda su vida. El relato es como una píldora de realidad en dos minutos de lectura. Para mi gusto, precioso.


  Rememoración final.

    Supo de inmediato que el paracaídas no se le abriría. Pero, debido a la mucha altura, todavía tardaría varios minutos en estrellarse contra el suelo. Era tan joven que tenía muy poco que rememorar de su vida pasada mientras se dolía por la pérdida de aquella otra que ya no iba a conocer.En su mente se produjo entonces una súbita aceleración. No tenía novia, pero conoció a una chica en la piscina y se casó con ella.
   Tuvieron dos hijos. El mayor se hizo militar como él. El menor, cosa sorprendente, guionista de televisisón; y no le fue mal.Sus nietos, sólo dos, se llamaron Daniel y Adela, nombres que no tenían tradición en su familia. 
  Sólo sentía la pena de no vivir lo suficiente como para asitir a la boda de su nieta, aunque, por viejo, se había acostumbrado a la muerte como a un animal de compañía. Y él, cuando su cuerpo se rompió contra el suelo, ya había superado los ochenta y tres años de vida.
 
RELATOS CON ALMA.

  ALGO MÁS QUE UN REGALO.

  El embarazo empezaba a delatarme sin compasión. Mi tripa crecía, haciendo cada vez más difícil mi rutina diaria en el instituto. Mamá, ni siquiera se había dado cuenta;demasiado ocupada trayendo dinero a casa. Papá, ni siquiera se había dado cuenta; demasiado fútbol.

  Una y otra vez, mi cuerpo luchaba por mantener algo en mi estómago. Las noticias de las 6, anunciaron ese día que los aviones no saldrían de Barcelona por una densa niebla que amenazaba con permanecer al menos 24 horas más. Me tocaba retrasar mi vuelo. De todas formas, veía cada vez más complicado mi Erasmus en ese estado. Permanecer en Irlanda un año, me iba a resultar de lo más difícil si el embarazo continuaba. Sólo estaba de dos meses pero mi cuerpo no pesaba más de cuarenta y cinco kilos, con lo cual, mi tripa era muy sospechosa.

  Elena estaría a mi lado si abortaba.Quizás, era la única  persona que podía entender el por qué de aquella locura.

  Clara no era felíz. Se debatía entre la vida y la muerte en una cama de hospital, a la espera de un corazón. Ramón, noche tras noche, presenciaba como se iba yendo, llenando sus días de impotencia y desesperación. Pero Clara asumía su destino, ¿qué otra opción le daba la vida?.

  "El destino- me decía cuando iba a visitarla- es como un camino con baldosas rotas en medio de una calle oscura. Tú caminas sin ver donde vas a meter el pie en ningún momento".

  Faltaba una semana para decidirme si me iba o no a Irlanda. Todo estaba preparado. Una locura, una puñetera locura.


  Y entonces sucedió lo que llamamos, inocentemente, una ráfaga de buena suerte. Yo estaba desayunando mis cereales con miel, como todas las mañanas, cuando sonó el teléfono. Mamá fue a contestar. La cocina permanecía abierta al patio, a pesar, de que el maldito gato de los vecinos estaba harto de llevarse comida. A mitad de camino hacia mi boca dejé la cuchara en suspenso. Mamá gritaba una y otra vez-¡Que alegría Clara hija, no me lo puedo creer!¿Cuándo será el trasplante? ¿Te han dicho la fecha? ¡Dios mío que alegría!


  Por fin, un corazón para Clara, sólo faltaba esperar las pruebas y preparar la operación. La vida le daba a mi hermana un nuevo guiño. Yo era felíz. Mi hermana y su nueva oportunidad.

  Recordé entonces una conversación con Clara un año atrás, poco después de saber que estaba muy enferma, cuando volvió a sufrir otro aborto. Era el tercero, pero estaba decidida a llevar adelante su embarazo a pesar de las advertencias de su médico. Pero no fue posible, ya que su corazón estaba cada vez más débil y era inminente la necesidad de un trasplante. Aquello truncó sus pocas esperanzas.

  Yo sabía lo importante que era para Clara ser madre. Desde pequeñas, la afectividad materna no fue un ejemplo a seguir. No culpábamos a mamá de estar siempre tan ocupada, la culpábamos de no admitir que hubiese preferido no ser madre.

  La decisión estaba tomada. Me iría a Irlanda con mi secreto en la mochila. Al regreso, sobrarían las explicaciones porque cuando algo ya no tiene solución es absurdo razonarlas.

  Pero, la tarde antes de mi salida hacia mi Erasmus, Clara se quedó sin corazón. La burocracia de transplantes había dejado, de nuevo, a mi hermana a la espera de un milagro para poder sobrevivir. La niebla me dejaba marchar pero la duda me ataba las tripas y me planteé desistir del viaje y quedarme junto a Clara, a pesar de tener que dar muchas explicaciones.

  Subí a la cuarta planta donde Clara estaba ingresada. Habitación 322. Clara estaba pálida pero me esperaba con la misma dulzura en su cara.

  -Cariño, tienes que hacer este viaje, aquí no puedes hacer nada, sólo serán unos meses y ya me han dicho que, tal vez, no tenga que esperar tanto. Cuando vuelvas de esa maravillosa aventura, yo mísma iré a recibirte. Haz ese viaje por mí, te lo mereces.

  El avión salió a las 7 de la mañana, la niebla estaba bastante disipada y papá había ido a despedirme a la terminal, mamá estaba en una reunión.

  A través de la ventanilla observaba pasar las nubes, el cielo estaba tan cerca, me sentía feliz de empezar a vivir por mi mísma y felíz porque al regresar Clara, seguramente, estaría más recuperada. El sueño empezó a vencerme despacio, muy despacio.

  El impacto no fue tan traumático, nada lo fue en realidad. La velocidad de la inercia de la avión al chocar contra el océano, ayudó a que mi corazón dejara de latir antes de sentir el golpe.

  Las noticias de las 6 anunciaron el accidente. Ningún superviviente, el océano se los tragó a todos.

  En el hospital, la televisión estaba sin monedas. Ramón bajó al bar a conseguir cambio cuando en la televisión de la cafetería oyó la noticia. Era el avión en el que iba Teresa; tenía que decírselo a Clara. Un torbellino de pensamientos le vino a la cabeza. Aquella tarde en su casa, Clara estaba trabajando y Teresa vino a verle. Aquello estaba mal, pero adoraban a Clara y lo decidieron en la segunda taza de café. Teresa estaba dispuesta a ese sacrificio por su hermana y él tendría ese hijo tan deseado. Al fin y al cabo, era una decisión de ellos dos y de nadie más. En Irlanda, un buen amigo suyo iba a velar y a cuidar de Teresa durante el embarazo...

  Ramón apuró el vaso de agua pensando que nada estaba decidido, que el destino, como decía Clara, no era mas que un camino de baldosas rotas y nunca sabes dónde vas a meter el pie.
 

miércoles, 5 de junio de 2013

115 AÑOS. NACIMIENTO DE UN POETA.

  Si muero,
 dejad el balcón abierto.

 El niño come naranjas.
 Desde mi balcón lo veo.

 El segador siega el trigo
 desde mi balcón lo siento

 ¡Si muero, dejad el balcón abierto!

 115 años de la desaparición del poeta de la Andalucía oculta. Al que se le negó la madurez, en una España de mantilla y rosario, de cotillas en las puertas y de un verdugo vestido de verde al que le sobraba soberbia e ignorancia.
Poeta de juventud. Se proclamaba "vidista". Vivir y ver vivir era su lema. Víctima de una guerra absurda, como todas las guerras. Una guerra entre hermanos de sangre. Una guerra que nos dejó una estela de viudas y huérfanos que desde la tumba hoy comparten con él su poesía y su forma de sentir la vida. Hasta siempre al poeta granadino.    

lunes, 29 de abril de 2013

¿Por qué los árboles no tienen puertas?

  Mi maldita manía y obsesión por los buffets libres de los desayunos en los hoteles, me jugó una mala pasada ese día.

  Después de toda una noche pendiente de la amenazadora araña que colgaba del techo; de la manta llena de manchas; de los charcos que rezumaban humedad del suelo en cada rincón de la casa; de la idea de pasar todo el día siguiente con los pies llenos de ampollas... corvintieron el sueño de un delicioso fin de semana en la sierra, en unas ganas increíbles de volver a mi casa.

  Al menos, el desayuno era alentador. Las jarras de zumo de naranja me sedujeron como la miel a las abejas y, sin ton ni son, me dí a la bebida.

   Al abandonar el comedor del hotel, que olía a búfalo, unos escandalosos críos casi me tiraron de bruces en la chimenea. La próxima vez, me dije, el hotel reservado no admitirá niños que vistan a los dinosaurios con velos de novia. ¡Vaya el día pintaba horrible! y, encima, se sumaban esas nubes grises cargadas de tormenta. Un día ideal para ir de excursión.

       - Tengo que entrar al baño antes de irnos.
       - No, no da tiempo, hay que aprovechar la mañana.

   Diálogo típico cuando uno a lo que va es a descansar.

   Empinadas cuestas. Ganas de hacer pipí. Charcos con peligro de profundidad. Ganas de hacer pipí. Barro con amenaza de tragarte entero. Curvas, curvas y más curvas. ¡Por Dios! y ni un maldito árbol donde descargar tanta vitamina c.
   
   Después de horas y horas viendo bichitos, alguna que otra zarza asesina y mis horribles ganas de orinar: parada en un mirador. ¡Cómo si no hubiese mejor momento para alimentar a la Canon! Esa era la mía. Tras el cartel informativo del mirador, encontré un hueco parecido al wc de los mismísimos dioses de Olimpo. Todo para mí.
  
   Con los pantalones bajados y deleitándome en el gozoso acto de deshacerme de litro y medio de zumo de naranja, miré hacia mi derecha y, horrorizada, descubrí que no estaba sola. Una excursión del Imserso, con unos cincuenta abueletes, también habían encontrado el lugar elegido para mi desahogo. Situación de lo más interesante y fotogénica que me dejó, literalmente, con el culo al aire y con mi insoportable dolor de vejiga.

 
         

martes, 23 de abril de 2013


DIA DEL LIBRO

  Un año más la celebración, el libro como un hecho a festejar.
  Tal día como hoy, en el año 1616, fallecían Cervantes y Shackespeare, y nacían, en otros siglos, autores conocidos y reconocidos de nuestra literatura. De ahí la selección de esta fecha tan especial.
  Desde el soporte más antiguo de escritura como fue la piedra, pasando por la arcilla en la antigua mesopotamia, por las láminas de bambú y la seda en China, en el segundo milenio a.C. con la ayuda de pinceles. Hueso, bronce, cerámica, escamas, etc... hasta la revolución digital del s. XX.
  El lenguaje hablado, a lo largo de la historia, se nos ha quedado corto, hemos ido avanzando en la imperiosa necesidad de comunicarnos, dando rienda suelta a nuestro ingenio. La mente humana siempre ha sido curiosa y reflexiva.

  La historia del libro es la historia de la humanidad, de la necesidad de abrirse al mundo a través de las palabras.
  Un medio para reconocernos por fuera tal como nos sentímos por dentro.
  Cada vez que comienzo un libro, comienzo un capítulo más en mi vida. Me adentro en un mundo que hará que mi mundo, en mayor o menor medida, cambie.

  Ningún libro pasa por tu vida dejándote indiferente, te crean una idea, al menos para deducir que te es o no indiferente.
  Tal vez no tienen ese hilo conductor que hace falta para que el autor y yo, como lector, conectemos. Ese hilo transparente que sí te llega con otras historias, que hacen sentir en tu mente y en tu piel toda la trama de una historia hecha precisamente para eso, hacerte sentir.
  Entre el autor y el lector tiene que nacer la magia. Primero la magia comienza entre el autor y la trama que nace en su cabeza. Le hace sentir cosas, le obsesiona, le quita el sueño. Cada recopilación que hace para su historia lo ahonda más en esa obsesión. Lo culturiza a la vez que lo absorbe.
  Existe una simbiosis entre el autor y la trama que, como un parásito, vive dentro de él.
  Cuando aprendemos de pequeños a leer, jugamos a un juego de asociación, de juntar sonidos que van creando un sentido.
  Cuando aprendemos a vivir lo que leemos, descubrimos nuestro verdadero mundo interior y éste es infinito.
   Y como decía el novelísta y ensayista francés André Maurois:"La lectura de un buen libro es un diálogo incesante en que el libro habla y el alma contesta".
  FELIZ DÍA DEL LIBRO.       

lunes, 15 de abril de 2013




UN DIA FUI UN NIÑO... 

  Siente que la vida se revuelve y amenaza con escapar de tu pequeño lugar en el mundo. Eres un punto minúsculo en la nada más profunda.

  El desierto está lleno de arena y la arena llena de ecos de un pasado acuático.
  Tiene un pasado que, escrito en la historia, un día lo llevó a ser arena. Todo comienzo de algo ahonda en lo más profundo del alma y te busca para que lo realices. Te seduce, te despierta y te inunda. Te hace grande.

  ¿Somos seres pequeños llamados a hacer algo grande? o ¿sólo somos grandes seres llamados a hacer cosas pequeñas?

  Lo fundamental es creer y crecer en esas esperanzas. Y realizarlas. Como un niño cree en las leyendas infantiles, las hace reales sin haberlas visto, eso los convierte en "grandes seres pequeños".

  La imaginación es el arma más poderosa cuando la razón nos amenaza.

  A veces pensamos más de la cuenta, nos llenamos de ideas que nos llenan de dudas y de miedos. Dudamos de nosotros mísmos una y otra vez, poniendo a prueba nuestra ilusión.La apagamos como se apaga una vela con un soplido cruel. Dejamos que se extinga.

  Sin embargo, somos como niños que ansiamos sentir, disfrutar, dejarnos llevar por el impulso difícil de ser felíz.

  Lo difícil no es ser felíz, lo difícil es creer que podemos serlo. Os animo a intentarlo.
      

jueves, 11 de abril de 2013



   REFRANES


  ¡Hola a todos! 
  Hoy me gustaría compartir una experiencia que puede ser, o al menos eso pienso, muy enriquecedora. 
  Ayer, en el taller de escritura, me hicieron una propuesta de lo más divertida y era que eligiéramos un refrán e inventáramos con él un relato.
  La profesora no nos dió mucha opción para pensar y el primero que se me vino a la mente fue el siguiente:
   
 " A caballo regalado no le mires el dentado".

 Y ahí va mi texto.
  
   "Juanillo llegó cansado a casa. Venía con las zapatillas empapadas y el corazón a mil por hora. La semana anterior se había llevado todo el rato dándole la brasa a su madre para que le comprara unas botas nuevas, llevando su capricho al más canallesco chantaje emocional.
  
   Su tía Eulalia estaba en casa de vacaciones, huyendo del calor de Andalucía, y había oído una y otra vez, divertida, la lata del niño a su madre con el asunto de las botas y pensó que debía hacer algo.
 
  A media tarde, la familia se disponía a ver la TV. Juanillo, distraído, no se había percatado de un paquete rojo con un gran lazo que había junto al sofá.

  -¡Mamá me las has comprado!, sí mamá ¡qué alegría!

  La madre extrañada miró a su hermana que lucía una gran sonrisa. Juanillo abrió el paquete con una alegría desbordante. De pronto, horrorizado, se volvió hacia su madre. Eran unas botas rojas con lunares blancos, perfectas, nuevas y de su número. Su madre, con cara difícil de definir y al borde de la carcajada, le dijo a Juanillo:

  -Cariño, a caballo regalado no le mires el dentado."


  Y ahora os toca a vosotros. ¿Qué os parece si pensais en un refrán significativo para vosotros y alguna anécdota o explicación de por qué escogeis ese refrán? ¡Venga animaros!

  Ya lo decía Cervantes en Don Quijote de la Mancha: " Los refranes son sentencias breves, sacadas de la experiencia y especulación de nuestros antiguos sabios". Son observaciones acuñadas por la experiencia colectiva a lo largo del tiempo, con temas que van desde la meteorología hasta el destino invariable y fatalista de la existencia.
  
  Yo pienso que son una riqueza más de nuestras tradiciones y de nuestros mayores, una fuente de enseñanza que se nos ha ido legando de generación en generación. La verdadera sabiduría es la propia experiencia.    

lunes, 8 de abril de 2013




EL FANTASMA DE LAS PRISAS.

  Toda la vida corriendo. Sólo se aprendió de memoria ese gerundio. Cada mañana desayunaba en su pequeña cocina, con su pequeña taza, su pequeño trozo de pan. Todo lo pequeño le hacía sentir grande. Un eco inequívoco de su gran ignorancia. Para él lo pequeño era insignificante, lelo, absurdo de existir.
   Metido en su pequeño cubículo laboral, pasaba horas y horas mirando números, facturas, balances, dinero de otros, dinero ingastable para él. Soñando con sueños de otros, manejaba la vida de otros soñando con ser otros. Mientras la vida, su vida, pasaba de ventanas para afuera. Cada viernes, al terminar la jornada laboral, comía un sandwich de la máquina del centro comercial y entraba en el cine. Se sentaba, como cada viernes, en la fila 9, asiento 9, pensaba que allí la película le haría sentir cosas, cosas que sólo él podía sentir, porque estaba en la fila 9, asiento 9. Como un minero en la oscuridad, buscaba imágenes inventadas por otros, en la vida de otros, alguna señal que le hiciera sentir vivo. Hacía 10 años que no había besado. Y ese beso fue una equivocación. Ese beso le sumió en la prisa, en la desdicha, en la ignorancia de no conocer el amor. Le sumió en su vida actual. El miedo. Una vez terminado el cine, corría con prisa, hacia su casa. El loro tenía que comer. No bastaba que tuviera el comedero lleno. A esa hora, el loro tenía que comer. Después se sentaba en su sillón orejero. Ya era tarde a través del cristal. La tarde le devolvía el anuncio rojizo de que llegaba a su fin. Y, de pronto, hizo algo que hacía años no hacía, por falta de tiempo, por supuesto. Se paró a pansar. Y sus pensamientos eran lentos por una vez. Pensaba a la vez que veía la realidad de su vida, de su pequeña vida con prisas. Y se sintió pequeño. Y por primera vez esa pequeñez le enseñó algo. Una puerta a la esperanza que nunca se cierra, la puerta de la oportunidad. Se levantó y cogió el teléfono. Marcó el único número que se sabía de memoria y dejó que un café en mitad de la tarde le devolviera las ganas de vivir.Sintió alegría por vencer el miedo a vivir, a amar, a volver a verla. Sintió que la prisa desaparecía dejando una sombra cada vez más corta. Y llenó el comedero del loro. No sabía a que hora volvería. No tenía prisa.

miércoles, 13 de marzo de 2013



LAS AVISPAS

  Bajo el sofocante calor de la tarde se encontraba la niña buscando algún juego para pasar las largas horas de verano.
  En su corral, junto con las hortensias y los claveles de su abuela y los sofocados pájaros colgados de sus jaulas, buscaba la forma de entretenerse.
  Se distraía con un juego de lo más inocente: echaba hormigas a las telarañas y veía como éstas, con sus largas patas, hacían rápidamente un saquito de seda, reservando su festín.
  Le gustaba cantar e imaginar que actuaba sobre un escenario vestida con un precioso traje. Se imaginaba siendo reina del carnaval y animando a los niños a cantar con ella.
  
-¡Moniquilla, ¿dónde estás?, ¿cómo puedes estar ahí con este calor? -entraba su Manena toda sofocada, abanico en mano.
 - He venido a ver a los pájaros por si necesitaban algo, Manena 
 -¿Y qué van a necesitar?, anda anda, ya estás con tus juegos, cántales algo verás como te acompañan.
  
  Y corriendo iba la niña a por su micrófono, que no era otro que el cazo de la cocina, y se disfrazaba con cualquier bata de su madre. Subía los escalones de dos en dos y, olvidando el calor, se ponía a cantar.
  Se olvidaba que estaba en un viejo corral lleno de trastos y paredes desconchadas, olvidaba a los pájaros, a las arañas, a las sufridas hormigas y olvidaba a su abuela, que sentada en la cocina, con su té con limón, escuchaba contenta a su niña cantar.
  
 Hasta que sudorosa salia de su sueño y escuchaba a las rabiosas avispas y, corriendo, huyendo de ellas, dejaba caer el cazo por el camino.



  En memoria a mi abuela, mi Manena, con todo el amor de su nieta, donde quiera que estés.   

        

jueves, 7 de marzo de 2013

SOBRE EL CONCURSO DE MICRORRELATOS...
  
  Hola a todos de nuevo!!!. A pesar del largo tiempo sin aparecer por aq, quiero compartir con vosotros desde este, nuestro rinconcito, el microrrelato con el que participé en el concurso. El tema era un poco controvertido. Al ser convocado por la Concejalía de Igualdad me inspiré en el eterno tema, es doloroso decirlo así, del maltrato. Hubo, si no recuerdo mal, más de 400 microrrelatos escritos para concursar, con lo cual, era complicado y no hubo suerte, otra vez será. Ahí os dejo mi microrrelato, cuento con vuestra más sincera crítica.Besos.




PARA ÁNGELA

  Querida Ángela:
      Te escribo estas letras porque voy a matarte. Quizás, esto sea una manera de parar los hechos, mi deseo.
    Estoy harto de tu risa y de tus malos guisos. Harto de tu cariño incondicional, a pesar de los morados. Harto de que cada mañana hagas la cama como a mí no me gusta. Harto del olor a lejía en tus manos. Harto de oírte y de ver en tus ojos el miedo a perderme y no a mis palizas. No voy a justificarme, voy a librarme de ti. De hecho esta carta, la pondré en tu tumba. Con todo el cariño,
                                                                                           Tu marido.
    Ángela se levantó, hizo la maleta y desapareció.